Nos complace mucho comunicarles que Mad’moiselle, tema en el que Séverine hizo feat con Lester Paredes (compositor y arreglista), ha sido nominado como Video del Año en la categoría de Música del Mundo, en la edición de este año 2020, de los Premios Pepsi Music de Venezuela.

Desde aquí felicitamos a Carlos Manuel Funes de Letra Sonora, quién junto a Alyuri Jimenez, Jhon Waraos y el propio Lester Paredes, produjeron tan hermoso video.

Si no has visto el video, puedes hacer click en el enlace –> Mad’moiselle. Igualmente puedes apoyarlo y participar con tu voto en los Premios Pepsi Music.

(Reseña del concierto del 29 de Julio de 2019 en la Alianza Francesa de Polanco, Ciudad de México, en el marco de ciclos de concierto de Guataca Nights. Escrito por Gregory Escobar/ @gonzopersona)

Una de las cosas que sorprenden gratamente sobre Séverine Parent es que no es, ni de lejos, una diva que monopoliza el foco.

Eso se percibe desde el mismo principio de su concierto: El escenario de la sala Maria Felix de la Alianza Francesa Polanco, en la Ciudad de México, ofrece un ambiente íntimo, con una iluminación austera, tenue y uniforme a todos los músicos. 

El lineup, latinoamericanamente diverso, entra a cuentagotas al escenario. Francisco “Coco” Díaz (Venezuela) en el teclado, Juanjo Gómez (El Salvador) en la guitarra, Pablo González Sarre (México) en el bajo, y Yilmer Vivas (Venezuela) en la batería y dirección musical.

Unos tranquilos sonidos electrónicos ambientales, a lo Alan Parsons Project, diluyen el silencio incómodo de una entrada poco ceremonial. Rápidamente, los ochentosos sonidos digitales New Age son invadidos violentamente por la batería robusta y contundente de Vivas. 

Así inicia Né quelque part, la canción perfecta para iniciar el setlist de la cantante francesa.

Los conocedores del pop francés identificarán inmediatamente este cover del mega hit de 1988 de Maxime Le Forestier. La canción es una proclama absoluta del proyecto de Séverine: Una canción de duración pop (menos de 4 minutos), donde la enorme diversidad apenas puede contenerse. El coro tiene una cadencia reggae-caribeña sabrosísima, pero el tema no para de navegar por varios géneros, incluyendo el jazz, drum & bass (¡a pulso!) y el punk.

En el centro, Séverine luce perfectamente cómo una talentosa artista intentando ocultar sus nervios. La cantante tiene una exitosa carrera como vocal coach, incluyendo una larga temporada como curadora vocal en el Cirque Du Soleil. Pero esta es la presentación al público de Voyageuse, su primer disco solista, y es una situación completamente inédita para ella.

Paseándose por tres idiomas (francés, español e inglés), Séverine continúa develando una a una sus canciones. Amies es una carta de amor a una amistad de más de 30 años. El tema inicia con una secuencia rítmica a-la-Portishead que rápidamente desemboca en una cálida canción pop-rock beatlesca de la era Billy Preston (el teclado es fundamental en este tema) y que demuestra rápidamente la calidez y potencia de la voz de Séverine.

Con Petit être, una canción de cuna dedicada a su hijo adulto, Séverine contrapuntea amistosamente con la guitarra. Con Alas de Cristal, el proyecto empieza a develar su inevitable y nostálgica influencia venezolana. Las maracas y el cuatro encajan perfectamente con la voz de la francesa.

Cuando Séverine no canta, su atención se centra en los músicos, a los que mira con admiración y cariño cada vez que puede. Ni nos importa que nos dé la espalda. Lo entendemos.

Tras admitir sus nervios y su “boca seca”, Séverine continúa su arco por la música tradicional venezolana, con sendas versiones de Criollísima ( de Luis Laguna y Henry Martínez) y Tonada De Luna Llena(Simón Díaz). Ambas, sobretodo Tonada, ofrecen los momentos más protagónicos de la cantante.

Los músicos abandonan temporalmente sus posiciones, excepto “Coco” Diaz, el cual acompaña con su piano a Séverine en Ocaso, una pieza creada originalmente por el guitarrista venezolano Francisco Fernández.

El coro de Oubli (Olvido) suena absolutamente al de And I Love Her de The Beatles, pero con una progresión armónica que hace un giro final inesperado a un tono más desgarrador. Es quizás el momento más vulnerable del set de Séverine, que sólo está acompañada tenuemente del piano y el bajo. Lejos de sonar desesperanzada, luce dulce y tenaz ante el dolor de amar a una madre que ya no la recuerda.

Tras cumplir eso de “vamos con las canciones tristes de una vez”, todos los músicos regresan al escenario. Trance es una especie de intermission para Séverine, que no puede evitar bailar y cantar un par de minutos en este jamming latin funk antes de desaparecer momentáneamente tras bastidores. La pieza desemboca en un despliegue absoluto de talento de los cuatro músicos. Vaya trabuco.

Para la segunda mitad de esta Guataca Night, Séverine regresa al escenario con su cabello corto, jeans ceñidos, una playera blanca amarrada bajo el ombligo y unas sandalias romanas planas. El outfit reafirma su humildad en el escenario. No hay trajes vistosos, peinados glamorosos o tacones que la eleven unos centímetros. Sólo una actitud tranquila y una seguridad sobre su talento que es francamente cautivante. Los sutiles nervios iniciales parecen haberse esfumado por completo. A ratos, Séverine canta con una mano dentro del bolsillo, sin lucir en absoluto desfachatada. Eso no lo logra cualquiera.

La sorpresa de la noche la ofrece la presencia de la cantautora chilena Tita Parra (nieta de Violeta Parra). Genuinamente honrada de poder compartir este momento con su“maestra” Séverine —la cual conoció precisamente en un seminario intensivo de canto, años atrás—, Tita nos regala su versión del clásico del folklore infantil chileno El Palomo. Tita y Séverine armonizando mientras instan a la audiencia a cantar, marca el momento más tierno del set.

El tono positivo continúa paradójicamente con Solitude, una canción sobre “la ambigüedad de la soledad”. El changala-changala adictivo y frenético de la guitarra alterna con el son cubano y una base rítmica urbana. Juanjo Gómez destaca además con un solo de guitarra que obligatoriamente manda al descanso el ritmo de la velada.

La misma Séverine se asombra ante los constantes cambios de tono de su repertorio. “Wow, otro cambio”, sentencia, antes de iniciar la única canción en inglés, Let’s. La pieza nos revela a una Séverine más cálida y susurrante. Con Lune, una tonada delicada inspirada en el fenómeno astronómico de la luna de sangre, la voz de Séverine evoca a la balada pop japonesa.

Para cerrar, la francesa no puede evitar nuevamente canalizar la influencia venezolana, ofreciendo una versión única de la danza zuliana Maracaibera, de Rafael Rincón González. Vivas emula una tambora con su batería y González Sarre ofrece un fantástico solo de bajo mientras Séverine, con su acento marcado, me recuerda graciosamente a Jane Lynch y su “canción de amor guatemalteca” de la película Virgen a Los 40. Es un exitazo.

Los genuinos aplausos hacen que el encore —palabra proveniente del francés, muy adecuadamente— no se haga esperar. Séverine comparte la hermosa La Révolution Des Colibris, una canción extraída de un proyecto discográfico de SoñArtes, una fundación creada por ella y Yilmer Vivas dedicada a acercar el arte a niños venezolanos de escasos recursos.

Como la admirable vocal coach que es, Séverine motiva al público—entre los que se encuentras varios de sus alumnos— a aprenderse y recitar par de secuencias vocales para así lograr a las “cuatro Séverine” que cantan en Viajera, la canción que cierra el disco.

Y así culmina la velada: con una procesión sonora vocal que ha motivado a la audiencia a abandonar su rol pasivo, al menos por dos vueltas.

Séverine, sencillamente, no puede evitar democratizar su enorme talento con pedagogía. Y es eso lo que precisamente identifica este proyecto: innegable sabiduría, talento, carisma y diversidad cultural ofrecida de manera poco pomposa y accesible.

Es un caso raro. Y por eso, es imposible no sentirnos satisfechos y gratamente sorprendidos.

Por Gerardo Guarache Ocque. Guatacanights

Séverine Parent recogió souvenirs por el camino durante años. Sus experiencias, sensaciones y nuevas amistades, y también los sonidos, imágenes y estructuras musicales que absorbió, se mezclaron hasta cobrar forma de canción una vez que se sentó frente a su piano con papel y lápiz. La artista francesa abrió al público ese álbum personal de postales sonoras de su vida y lo llamó Voyageuse. Viajera, si lo traducimos al castellano.  

Sobre el álbum flota una invitación a romper u obviar fronteras, a dejarse cautivar por lo diferente y a entender que no importa tanto el origen sino el destino. Séverine canta en tres idiomas, se mueve entre el jazz y un pop inquieto que roza el world music, y va de lo estrictamente acústico a lo artificioso, casi siempre como vehículo de reflexiones íntimas.

Voyageuse comenzó a gestarse hace unos tres años. La artista nacida en Avignon, al sur de Francia, pasó una página grande de su vida. Dejó de ser la principal coach vocal del Cirque du Soleil, se mudó de Montreal, y comenzó a recorrer Latinoamérica —incluidas varias visitas a Venezuela— para dictar talleres de canto, compartir con colegas e incluso grabar.

Cada pista es radicalmente distinta. Por ejemplo, Amies, que habla de una amistad irrompible que lleva unos 30 años y que funciona como puerta de entrada ideal, es un single en toda regla. Un pop con mucho sentimiento; con una instrumentación imponente combinada con la atracción seductora que suele venir en combo con el acento. A esa le sigue Lune, que describe una atmósfera distinta, solitaria y contemplativa; una balada jazz con contrabajo y batería tocada con escobillas. Y más adelante aparece Oubli, una composición cicatrizante a puro piano y voz.

Petit être —pequeño ser, en castellano— nos invita a un lugar muy íntimo y familiar. Es una canción de cuna escrita para un adulto, porque está dedicada a su hijo, que ahora tiene 23 años pero, ante sus ojos, no deja de ser la pequeña criatura que ella acunó. De un piano minimalista avanza hacia una pieza robusta con batería, bajo y un arreglo de cuerdas en el que ayudó un músico venezolano que también grabó teclados y se encargó de la mezcla y el mástering. Hablamos de Francisco “Coco” Díaz, quien ha trabajado, entre otros artistas y bandas, con Desorden Público.


Séverine comenzó a estudiar piano a los cuatro años de edad y, desde entonces, nunca paró. Siguió con el clarinete, la música clásica y el jazz, hasta hacerse adulta. Participó en coros infantiles, donde podía cantar obras de los Beatles, y también en coros de ópera o de cámara, que le despertaron una fascinación por las armonías vocales que aún persiste. Prueba de ello es Viajera, la canción que cierra el telón con puras voces, procurando expresar emociones puras sin palabras de por medio.

“Camino mucho siempre, y voy viendo los paisajes, los monumentos, la riqueza y la pobreza, las expresiones en los rostros de la gente… Me gusta imaginar las historias detrás de cada uno —cuenta la artista—. La melodía de Viajera nació así. Mientras caminaba, la grabé en mi teléfono. Luego le agregué otra voz. Soy yo caminando por el mundo, cruzando una ciudad, un pueblo”.

En su hablar, Séverine cuela vocablos de una jerga que se ha apropiado: “He conocido músicos arrechísimos”. Lo dice a propósito de “Coco” Díaz y del multiinstrumentista Léster Paredes, otro venezolano, que desde 2018 es parte del Cirque du Soleil. También, del bajista Pablo González Sarra, un mexicano integrante de la banda Los Claxons, de Monterrey. Pero, sobre todo, se refiere a Yilmer Vivas, baterista venezolano, fundador de la Simón Bolívar Big Band Jazz y ahora miembro del elenco de Luzia, espectáculo itinerante del prestigioso circo canadiense.

Vivas, un músico con el que Séverine Parent creó la fundación SoñArtes para acercar el arte y la cultura a niños en situación de riesgo en Venezuela, fue quien la impulsó a llevar adelante el proyecto discográfico y se convirtió en el aliado perfecto —un versátil productor— para concretarlo. Sobre su amistad y su colaboración artística, agrega: “Nos une el gusto por la música sin etiqueta, las ganas de hacer lo que se nos ocurra sin tener un cuadro cerrado. Yilmer es una bomba de creatividad en el estudio”.

Yilmer es también autor de la música de Let’s, la única cantada en inglés. La letra es autoría de Séverine, quien la escribió dejándose llevar por el mood que él le sirvió. Esa le abre camino a las dos canciones más experimentales del álbum, que van juntas. En Solitude, entre armonías vocales, una guitarra a contracorriente, una batería potente y unas cuerdas, se revela un son cubano y un fragmento de hip hop. World music, se le podría decir generalizando. Sobre la temática, comenta: “Me encanta estar sola, pero a veces me desespera la soledad (risas). Quería traducir esa ambigüedad, y Yilmer, con el arreglo, logró hacer exactamente lo que pasaba en mi cabeza”.

El otro atrevimiento se llama Né quelque part, una pieza original del cantautor francés Maxime Le Forestier, que fue parte de su álbum exitosísimo del mismo nombre editado en 1988, con más de 600.000 ejemplares vendidos. Séverine escogió este hit, que la ha acompañado desde su adolescencia, para subrayar su mensaje de apertura. “El lugar en que nacemos es una casualidad. No define lo que tenemos que hacer y cómo comportarnos con los demás”, explica. Su versión es un collage rítmico que invita a sacudirse los prejuicios de la mente comenzando por el cuerpo.

Un cuatro venezolano, que grabó el propio Yilmer Vivas, sorprende cuando suena Alas de cristal, obra de Jorge Daher, cantautor venezolano establecido en México. Séverine no quería culminar el álbum, que grabó en Monterrey durante una semana intensa de 12 horas por día, sin solidarizarse con el país herido de muchos de sus colegas: “Él (Jorge Daher) me regaló esa canción que habla de la situación que atraviesa Venezuela actualmente, que me toca de cerca por tener tantos amigos, tantas amistades y tantos cariños ahí”.

Estoy muy alegre por todas las actividades excitantes que tendré este mes de julio, a mi llegada a México.

Primero, el jueves 18 de Julio a las 12pm estaré dando una conferencia sobre La Voz a Través de la Pedagogía Richard Cross. La cita será en la Escuela de Música y Audio GMartell, ubicado en Coyoacán. La entrada será libre y no necesitan confirmar su asistencia así que ahí los espero.

Por otro lado, ya estamos ensayando todos los días preparando el show de lanzamiento de mi disco Voyageuse que será el próximo 28 de Julio en la Alianza Francesa de Polanco.

Para este concierto tengo la suerte de haber podido juntar a tres de los músicos originales que participaron en la grabación: Los Venezolanos Francisco Coco Díaz, mi amigo, manager, y tecladista (ademas de haber hecho mezcla y master) y Yilmer Vivas nada menos que mi productor, arreglista, baterista-percusionista y complice artístico. Junto a ellos estarán el super bajista mexicano Pablo Gonzalez Sarre, amigo y siempre dispuesto a nuevas aventuras musicales y Juanjo Gómez, guitarrista salvadoreño, que si bien no formó parte de los músicos que grabaron en el disco, es un instrumentista excepcional.

Será una noche mágica en la que compartiré con ustedes historias y mi universo musical, además de dejarme llevar por la riqueza del repertorio tradicional venezolano.

Nos vemos!

Voyageuse

Despues de mucho andar y esperar, finalmente el 27 de Junio será el lanzamiento oficial, en todas las plataformas digitales, de Voyageuse: la nueva producción discográfica de Séverine Parent.

Voyageuse es la suma de vivencias de los últimos tres años de Séverine. Es el resultado de conocer nuevas personas, nuevos contextos y nuevas culturas. De llevar los altos y bajos de la vida. De la excitación de la novedad y los miedos de la soledad. De riesgo y aventura.

Con absoluta sinceridad y sin filtros, Voyageuse muestra que cantar es contar historias, es desnudarse y hacerse vulnerable. Que crear y hacer música con pasión es placentero y un acto que se debe compartir. Que la música no se encasilla a estilos.

En Voyageuse, Séverine mezcla vehementemente de forma natural y sin complejos, diferentes sonidos, culturas y maneras de ver la música.